Todas las historias tienen su comienzo, esta no iba a ser menos. Aviso de antemano a los posibles lectores que sobre esta tengo información más bien limitada. Este relato me encontró hará cuestión de unos meses. Y digo bien, “me encontró” pues su lectura cambió mi visión con respecto a muchos hechos que antes me podrían parecer insignificativos. Me encontraba instalándome en mi nuevo piso de alquiler cuando en un cajón me encontré un diario olvidado. El cuaderno de tapas duras color negro esperaba ser rescatado del olvido. Sus hojas amarillentas hacia muchos años que dejaron de ser acariciadas por la mano y el bolígrafo. Simplemente esperaban volver a la vida, que los sentimientos, vivencias o pensamientos de su dueño o dueña se hicieran eternos al ser releídos una y otra vez. La conmovedora historia de la protagonista me hizo entender que su mensaje debería ser escuchado. Mi objetivo es ese: que leáis su historia. Nada más. A mi me emocionó. Permitidme que os la cuente. Aunque se muy bien que es difícil expresar con palabras determinados hechos y sentimientos espero ser lo suficientemente capaz. Os narrare la historia pero sabed que fue ella quien la vivió y que yo solo escribo lo que ella escribió.
La fecha de inicio se corresponde con el primer día plasmado por la escritora. Ese día puede ser que no fuese especial, no hubo nada en particular que hiciera que aquel día quedase guardado en la conciencia de nadie, o quizás si. Aparentemente la gente iba y venia con sus monótonas vidas. Puede, solo puede ser que ese día solo fuese uno más en el calendario pero también puede ser que ese día tan corriente y tan normal como los demás días del año fuera especial para alguien. Para nuestra protagonista lo fue. Puede que ese día marcase un antes y un después en el camino de algún alma mortal. Pero también puede que no. Puede que el destino sea una cruel broma causada por las casualidades. Quizás todo lo que nos envuelve no tiene un trasfondo espiritual. Quizás nada importe, nada más que sobrevivir. Esta historia o este hecho o mejor dicho, este cúmulo de circunstancias y casualidades llevaron a nuestra protagonista a vivir la historia de su vida. Como una más en el mundo. Nadie especial. Una persona más entre tantos y tantos. Nadie en especial, ningún genio sin ninguna peculiaridad destacable, pero protagonista de su vida. Alguien que nunca tuvo una mano aferrada a su alma. Alguien que nunca sintió el calor de un abrazo. Alguien que quiso amar, huir de la soledad, alguien que no importa más ni menos que el resto. Solo alguien.
Como todos los días se levantaba temprano para dedicarse a vivir su vida, sin nada en especial nada destacable, la rutina de siempre. Pasar el rato hasta la hora de ir a clase y después de pasar otro tanto tiempo en clase finalmente acabar el día con sus amigos disfrutando de sus fantasías y ese modo de ver la vida, en el que la mente evita todo aquello que puede hacer daño al corazón. Pasaba los días viendo pasar el tiempo en un reloj roto por la soledad. ¿Por qué vivir solo la realidad si también se puede disfrutar de los sueños como si fueran la vida propia? Así era, así vivía de esta manera tan particular que se puede resumir en la idea de pasar por la vida de puntillas, simple y llanamente eso. De puntillas sin querer formar parte de nada ni nadie, para que nada ni nadie sean capaces de destruir su más preciado tesoro: Sus sentimientos. Pero a la vez anhelando el calor de no estar sola en su mundo.
Había conseguido mantenerse tan distante de la vida que no le era difícil pasar desapercibida. Lo que no sabía esta muchacha es que llegaría el día en el que tendría que enfrentarse a la vida cara a cara, mirándola a los ojos. Y que cuando ese día llegase tendría que prepararse para una gran batalla. Una gran batalla que ya estaba perdida desde mucho antes de llegar al campo de batalla.
Hay días que te preguntas ¿por qué? ¿Por qué tome esa decisión que me llevo a ese lugar? Por qué un simple hecho cambia la vida de alguien tan drásticamente sin siquiera proponérselo. Esta muchacha, fue como todos los días a reunirse con sus amigos a la cafetería de siempre, a tomar el mismo café amargo de siempre y a estudiar las mismas asignaturas de siempre. En teoría nada parecía distinto aquella fría mañana de diciembre. No se puede decir cuanto tiempo paso hasta que el universo conspiro para detener el tiempo en su contra, no es capaz de recordar el momento en el que levanto los ojos y todo cambio. No consigue recordar cuando firmo su sentencia, pero la cuestión es que ya no había manera de detener la trampa que le había tendido el destino. Cruel incontrolable enemigo del hombre que marca el camino de su vida sin más explicación; que no deja que escape pero tampoco actúa con tal certeza como para saber que es cierto. Que lo que pasó tenia que pasar que todo ocurre por una razón. Que todo realmente esta conectado. Eso no lo sabremos nunca. Simplemente ocurrió.
A sus oídos llegaron las notas musicales de una canción, ¿Cuál? Imposible de recordar, ¿le gustaba? No lo sabe. Pero como una señal de alarma en su cabeza para llamar su atención se metió en el fondo de sus oídos, se abrió paso a través de la conciencia, y la despertó. Dejo de lado sus propios pensamientos y se apodero de su mente hasta tal punto que fue inevitable levantar la vista para buscar el lugar del cual salía esa música. No pensó. No razonó. Solo levanto la mirada de sus apuntes garabateados. No hizo más para el castigo que le esperaba. No busco nada más. Ella no se lo busco pero tampoco la dieron opción a elegir. Sus ojos quisieron dirigirse a la pantalla plana llena de polvo grasiento que se encontraba colgada de la pared justo en la esquina, pero algo o mejor dicho alguien se interpuso, alguien se coló en el sendero de su vida colmándolo todo de una luz blanca resplandeciente. Haciendo que su mundo se tambalease, destrozándolo todo en cuestión de segundos. Rompiendo las barreras que tantos años la había costado construir. Dejándola desnuda y vulnerable ante el peligro. Llenando un alma de ilusión. Solo de eso: ilusión.
Sin querer su mirada se fue a parar en unos ojos marrones oscuros, de un marrón tan profundo y bello que no pudo dejar de mirarlos. Le pareció verlos brillar en la oscuridad de su mundo como el faro que guía a los barcos en las noches de tormenta. Si ya era suficiente error haber levantado la mirada, siguió errando al querer contemplar la persona que había detrás de aquellos ojos. Al fijarse contempló, una hermosa cabellera, de un color negro azabache intenso, recogida en una cola de caballo. Una piel suave y lisa casi como el terciopelo. Una boca que se movía delicadamente al hablar. La belleza personificada en un rostro tan perfecto. Aquella mujer, iba vestida con una elegante americana de color gris por debajo de la cual asomaban los cuellos de una camisa blanca marfil. No necesito fijarse mejor, pues la vio con los ojos del corazón, no necesitó analizarla más porque ya la había visto muchas veces en su pensamiento. No estaba preparada para encontrársela ahí de ese modo y en ese momento, por eso se sintió tan estúpida sentada en aquella mesa de café con unos apuntes insignificantes en sus manos. Quiso parar el mundo y hacer que el tiempo corriese hacia atrás para aprovechar el tiempo y estar preparada para aquel preciso instante, para aquel encuentro, para aquella mujer. Para estar a la altura de las circunstancias. Pero no pudo. El destino es cruel, busca el momento menos apropiado para atacarte con lo inesperado. Para utilizar como arma arrojadiza todo lo que siempre has deseado.
No es posible asegurar con precisión cuanto tiempo estuvo contemplándola, deleitándose con sus gestos, con su manera de moverse al hablar, con la manera en la que sorbía lentamente el café de aquella taza blanca. No lo sabe. Sus manos, su piel, el aire que respiraba, todo en ella era perfecto. No fue consciente de que lo estaba haciendo hasta largo rato después. Aunque el tiempo pareció pararse para ella, el mundo seguía girando. Y en su giro continuo hace que dos miradas se crucen en un punto al mismo tiempo. Entre gesto y gesto, entre palabra y palabra, en aquel espacio sus miradas se cruzaron tantas veces pero de una manera tan normal y sencilla que cuesta entender a que juega la vida. A la protagonista de nuestra historia la costaba entender lo que estaba pasando. Pero aquellas miradas seguían cruzándose. La diferencia seguramente residía en lo que pensaban aquellas dos mentes. Nuestra protagonista estaba impactada por aquella persona que se acababa de cruzar en su camino pero la otra, ¿Qué pensaba aquella misteriosa mujer? La había visto o simplemente la miró. Reparó en que la miraba con total y completa admiración o simplemente se había dado cuenta de que una persona al fondo del local la observaba sin ningún reparo. Por el contrario ¿y si no pensó nada? Si no fue así, seguramente que por su mente se le pasaron decenas de razones por las que aquella joven la contemplaba, pero ninguna de ellas, se acercaba ni lo más mínimo a la realidad. Estas preguntas atormentaron a nuestra protagonista durante todo el día y toda la noche. Cada vez que recordó aquella primera vez, deseo haberse dado cuenta de lo que pasaba y salir corriendo de aquel local, marcharse a otro mundo, desaparecer. El destino la enseñaba algo que no tendría, le ponía la miel en los labios pero la negaba el derecho a saborearla. Una injusticia más en su vida que la condenaba a vivir sin luz, sin ganas de seguir caminando. Pero pese a todo, la siguió mirando.
Cuando la mente de la joven reacciono y pudo asimilar lo que estaba pasando, despertó de aquel ensimismamiento. Intento apartarla de su mente, mirar a otro lado, volver con su vida, como si aquel instante fuese fruto de un sueño lejano, fuera de aquel tiempo y aquel lugar. Sus compañeros no se percataron de que durante un rato se había alejado de ellos sin moverse, transportándose a un mundo muy profundo dentro de su alma. Ellos siguieron estudiando, en cambio ella siguió mirando, firmando la sentencia del rumbo que tomaría su propio destino sin poder controlarlo. Sin querer se dejo llevar.
Pasaron los días, también las semanas, hasta juntarse en meses, pero no podría precisar cuanto tiempo paso hasta que se dio cuenta de que ya no era la misma. Con solo una mirada de aquella mujer el día ya cambiaba, el sol brillaba con mas fuerza, las calles eran hermosas, sonreía por todo, era feliz, pero aquella felicidad era tan efímera como el hielo en el desierto, pues el fuego que estaba sintiendo en su interior había prendido tan fuerte que el solo hecho de recordar aquellos momentos la dolía. Ese fuego que la calentaba en la soledad la iba consumiendo al ver la realidad.
Pudo fingir un tiempo, tomarlo todo como un juego, pero dolía tanto ver como todos hablaban de aquello como una tontería más en una mente loca. Le costaba tanto fingir que seguía siendo la misma. Dolía tanto que dieran por hecho que aquello no era nada, ¿como podía ser nada? No podía entender como aquello podía ser considerado: nada. La nada no te ayuda a olvidar todo. Olvidó de donde venia a donde iba, sus miedos, rompió sus propias barreras interiores. Y todo ¿por qué? Porque esa era la manera de ser mejor para ella. Por y para ella se había esforzado tanto. No importaban las pocas horas de sueño, no importaban los músculos del cuerpo cansados, solo quería ser mejor para estar a su altura, pero con cada paso que daba el tiempo la devolvía otro golpe mas alejándola de su alcance. Matándola por dentro, haciendo que cada noche mordiera su corazón entre lágrimas que acababan con sus pocas fuerzas. Con cada ilusión, llegaban dos penas, con cada caída levantarse suele hacerse mas difícil, hasta que termino por cansarse de tanto caer, por eso intento mentirse. Se aferro a la fantasía y al juego y bromeo con sus sentimientos. Dejo que todos participasen de la broma y se rió a carcajada de si misma. Pero, si mentirle al mundo suele resultar difícil, engañar a tu propio corazón puede ser imposible.
Lo que todos consideraban un juego pasó a ser una conversación diaria. En su inconsciencia no fue consciente de la importancia que tenia en su vida aquella mirada, aquella sonrisa. Por el camino de su vida fueron pasando a la vez otras personas, que calmaron a su mente, pero su alma seguía necesitando volver una y otra vez aquel mismo lugar, a aquella misma hora, solo por y para verla. Solo por ella. Todas las locuras eran pocas por aquella misteriosa mujer de la piel de terciopelo y la sonrisa más hermosa que jamás vio. Un universo por ella era demasiado poco. El sonido de su voz era la música que sus oídos necesitaban escuchar para sobrevivir un día más.
Un golpe de suerte en medio de la tormenta. El destino no quiso ser esta vez tan cruel y malicioso con la muchacha así que quiso darle tregua a su enfermo corazón. Un trabajo la apartaba la mayor parte de los días de aquel lugar, de aquella obsesión. Pero ella esperaba encontrársela a cada momento. Se la imaginaba entrando por aquella puerta de cristal, la veía entre las personas caminando por la calle… Era tan difícil pensar en vivir ya sin su rostro. Un rostro que nublaba a todos los demás, que se le aparecía en la mente cuando menos lo esperaba. Un recuerdo imposible de olvidar.
Ella seguía buscando un momento para escapar de la realidad y volver a verla. En su mente guardaba como el mejor tesoro del mundo los recuerdos que la acercaban en la distancia más a ella. En su desesperación quiso huir de aquel lugar, quiso apartarse de allí, pero su corazón no opinaba lo mismo, no quiso darle aquella oportunidad porque por muy lejos que estuviese la guardaba en su alma. Se guardaba siempre un pensamiento al día en su mente para ella. Se preguntaba como estaría, si se habría percatado de su ausencia, si la buscaría, tantas cosas son posibles en los sueños que olvidas que hay una realidad que nos rodea con su abrazo fatídico. Si hay imposibles, si hay batallas perdidas. Siempre hay fracasos. Por eso su mente quiso apártala de allí, pero no pudo con su corazón.
Palabras salían de su boca, pero no las sentía; de otras personas hablaban pero en la soledad pensaba que se encontraría con ella, que formaría parte de su vida de algún modo. Que todo aquel sufrimiento le sería recompensado. Pero día tras día notaba como se le escapaban las fuerzas. Puede que entre sonrisas hablase de ella, que un simple comentario se le escapase, pero por dentro la mataba saber que no seria nunca suya. Aquello la destrozaba. Aun así, pese al dolor en su mente escondido se repetía un pensamiento: verla. Una necesidad: verla. Con eso, a aquellas alturas, ya se conformaba.
Cuando salía con sus amigos, parecía la misma, esa persona no había cambiado nada. Nadie se preocupaba por ella, estaba bien. Podía tener momentos de tristeza, pero nada más. Era fuerte, fría. Como iban a percatarse de que es por dentro estaba destrozada. De que algo oscuro la consumía. La iba anulando, sus ganas, sus instintos, la anulaba la mente y la conciencia, la sumía en sueños que no podía controlar. El día se hacia insoportable, pero ¿la noche?, cuando caía la noche, llegaban todos los monstruos incontrolables que esconde el pensamiento. Cuando no había nadie con quien simular ser otra persona, en aquella habitación fría y desconocida para ella, se hundía en sí misma; el silencio la atormentaba haciéndola dar vueltas en la cama, hasta que la rabia, el dolor y el miedo se amotinaban en su corazón para que estallara en una tormenta de lágrimas. En esos momentos el dolor era insoportable, tal era el tormento que sentía en medio de aquella soledad que deseaba morir. Le rogaba a dios, al universo, e incluso al diablo, que la apartase de aquella mirada, de aquel mundo, no quería seguir caminando entre los vivos cuando se sentía tan muerta por dentro. Deseaba no sentir nada, por eso con cada persona que se encontraba en su camino se fingía perfectamente feliz, de este modo apartaba preguntas o peor aun que sintieran pena por aquella loca criatura que se autodestruía entre suposiciones y posibilidades imposibles. Luchaba por conseguir que alguien entrase en su vida como un huracán llevándose por delante todo cuando había sido hasta el momento. Pero aquel sentimiento hacia la misteriosa mujer, estaba tan dentro de ella misma, que nadie conseguía desalojarla de su interior. Así que se dejaba hacer, dejaba que pensasen que eran lo que ella quería, lo que buscaba, que llenaban un rincón aparentemente vacío. Pero ya tenía dueña. Nadie conseguía mover lo más mínimo su interior, nada ni nadie la conseguía cambiar de aquel estado en el que se encontraba. Buscaba alguien que la salvase de su propia mente, pero no se daba cuenta que aunque las acercase con una mano, con la otra las apartaba. Luchaba contra sus propios sentimientos y perdía. A todas aquellas que fueron llegando después, las media, las comparaba y ella, aquella mujer, siempre quedaba por encima de todas. Como una sombra que lo cubría todo siempre estaba presente en su vida, en su mente, en su alma.
La dolía, su perfección, su manera de caminar; la mataba recordarla pero no podía vivir sin verla. Se aferraba a sus sueños, que la transportaban a un mundo de posibles, que las acercaban entre la bruma de la nada donde podía tocarla, hacerla suya, amarla sin pensar en nada más. Pero cuando se sueña, siempre hay que despertar y el alba la dejaba en la cama, sin ganas, sin fuerzas, sin ilusión por seguir caminando, por seguir viviendo. ¿Como firmas tu rendición si te han conquistado el alma sin condición? ¿Cómo escapas cuando no hay salida? ¿Como vences a tu enemigo si le llevas dentro?
Todo ese sentimiento se le guardaba en lo mas profundo de su ser. Prefería que todos pensasen que era por otras personas por las que sufría; por otros motivos; prefería que pensasen que tenia miedo a amar, todo aquello era mejor a que supieran la verdad. Creer que aún había esperanza. Era mejor discutir sobre posibilidades, sobre lo que nos depara el destino, sobre que llegara un momento en el que alguien se cruzaría en su camino que ocuparía su mente y su corazón. Cuya sonrisa la iluminaría en la noche oscura; que no habría nadie más en su mundo pues esa persona seria su propio mundo. Pero, ¿como podría pasar tal cosa si ya estaba sucediendo? ¿Como podría dejar que entrase alguien mas en su mundo si soñaba con otras caricias, con otros labios? ¿Como fingir que esperaba a alguien que simplemente se retrasaba? Si ya la había encontrado. Pero no se atrevía a decirla que lo único que quería era estrecharla entre sus brazos, acariciar su melena morena cada mañana. Cuidarla por el resto de sus días. Entregarla su vida, todo cuanto tenía. ¿Cómo olvidarla? si cuando intentaba escapar de ella, se la cruzaba en el lugar menos esperado, como si esta o el destino supieran que intentaba olvidarla. ¿Cómo podría cambiar algo? ¿Cómo? Si todo le recordaba donde encontrarla. No podían imaginarse cual era la realidad de sus días. Ya no era consciente de su propia realidad. Lo que escondía en su mente, la mataba lentamente consumiéndola, destrozándola. Era más fácil seguir fingiendo ser un corazón de hielo que se olvidó de reír. Que dejo de lado todo sentimiento. Es mejor que te tengan lástima por no poder amar a que sepan que en realidad amas tanto que te mata. Amas y ese sentimiento es como un fuego que se encendió y ya no se puede controlar, como un río desbocado que inunda todo lo que esta cerca de su rivera. Un recuerdo que duele al pensarlo pero no se puede olvidar; un pensamiento persistente en la mente que llena de nada el alma. Así se sentía, así tenía que afrontar los días, así se dejaba morir.
Perdida en aquella soledad, en aquel lugar de su mente desconocido por todos, fue quedándose, aislada del mundo. Ya no quedaban caminos para andar, pues todos llevaban al mismo infierno, la soledad. La distancia que nació entre ella y la realidad se fue haciendo tan grande que se convirtió en un abismo insalvable. Intentando olvidarla, se olvido de reír, y una noche fue tan grande el dolor, que quiso llegar a su corazón a través de sus venas, hurgo en su propia herida. En su mente la única idea que persistía era olvidar. Solo olvidar sus piernas, sus rodillas, sus manos, esa voz que en mitad de la noche la despertaba sin estar presente, entre susurros lloraba y gemía mientras se iba desangrando. Sus lágrimas que mezclaron con su sangre; la alfombra de su habitación absorbía tanto sus fluidos corporales como sus sentimientos.
La suerte, buena o mala, quiso que la encontrasen a tiempo, o quizás demasiado pronto. Cuando despertó, la locura se apodero de su mente, había reunido el valor suficiente para aceptar la muerte, pero la vida se aferraba a ella. La querían mantener en este mundo cuando hacia tanto tiempo que lo había abandonado.
En aquel hospital, diablos vestidos de blanco la guardaban y en su celda vacía, recordaba cada uno de los días que paso a menos de dos pasos del alma que amaba. Soñaba con que algún día, cuando menos se lo espere, se decía, entraría por aquella puerta acolchada tendiéndola la mano. Salvándola de sí misma. Pero ese día nunca llego, su cuerpo termino por consumirse entre aquellas cuatro paredes.
Soy solo piel y huesos… Aquí me dejan apartada de ella. Hubiera preferido seguir sentada en aquella silla vieja, mirándola. ¿Es mucho pedir verla una vez más antes de morir?
Esta frase es la última que escribe nuestra protagonista en su diario, he querido escribirla literalmente porque así es como se veía en sus últimos días a si misma. Eso era lo único que quería. Hable con algunos vecinos y ellos me llevaron hasta unos digamos “amigos cercanos”. Tras hablar con ellos, saque una conclusión triste pero cierta, y es que nadie la conoció realmente. Todo el mundo pensó que era su apatía y sus miedos los que la consumieron. Que murió sin sentir lo que es amar. Que dejó este mundo sin haber sabido lo que era vivir. Que duerme en su fría tumba como vivió en su vacía vida. Puede que no les falte razón, pero a mi parecer, amó tanto a aquella misteriosa mujer, que se podría decir que tanto amor la mato.
Saber que hay alguien por ahí que ha sido amada con tanta pasión desde las sombras y que no es consciente de ello, me hace pensar y temer, que posiblemente la persona que mas nos ama, es la que menos se atreve a decírnoslo. Y ahora que sabéis la verdad de esta historia, decidme ¿vosotros que pensáis?
Welp: de scouts y fieras
Hace 10 años

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